Carta a Fantasmagoría

Por Carlos Amézquita

Cuando concebí la idea de realizar Vida, mi primer largometraje de ciencia ficción, tuve varios sueños. El primero era, definitivamente, contribuir aunque fuera un poco a la osada pero reducida lista de películas de ciencia ficción que se han creado, en contra de todo pronóstico, en Colombia. Quise alzar mi voz y mi mirada, apoyado en un equipo de talentosísimos artistas, para proponer un sueño: la potente idea de que podemos fantasear, y plasmar nuestras más aventureras reflexiones acerca de la humanidad, el universo y la realidad misma, en la pantalla. Aspiré, con profundo amor, a discutir con mis hermanos usando el lenguaje que teje los mitos.

Por principio general, es difícil prever los alcances que tendrá un proyecto cinematográfico, particularmente en el esquema de producción al que nos entregamos quienes producimos de manera independiente (prácticamente todo nuestro país). La sombra de la duda siempre nos cobija a la hora de imaginar si nuestra película tendrá algún tipo de acogida, porque nuestros sueños son claros, pero lo cierto es que el juicio final está en manos del público. Sin embargo, vale la pena soñar con los fantasmas de otros mundos, pues quizás los habiten seres que saben hablar nuestro idioma. A mí me pasó.

Puedo hablar ahora de un sueño mucho más modesto. Cuando Vida empezó a materializarse, siempre fantaseé estrenarla un 31 de octubre. Quizás sea por esa divertida asociación que solemos hacer entre el cine fantástico y el Halloween. Es lo más seguro. Sin embargo, esa fantasía se veía cada vez más lejana, cada vez más improbable.  Eso fue hasta que conocí al festival de cine Fantasmagoría. La historia de cómo llegamos a establecer contacto es sencilla: cuando supe quiénes eran y su propuesta, supe que tenía que participar. Hice lo más ingenuo que podía hacer, escribirles ofreciéndoles una película que no estaban buscando. Y aun así, el gran corazón de sus organizadores halló algo en Vida y le ofrecieron un lugar en su catálogo. ¿El día de la proyección? 31 de octubre de 2019.

 

Carlos Amézquita en el estreno de Vida en Medellín

Así es que dos sueños se realizaron en una misma sala, por mérito de personas extraordinarias que sueñan, al igual que yo y tantos otros, con la posibilidad de fantasear en la pantalla. Fantasmagoría es uno de los proyectos cinematográficos más maravillosos y rigurosos que he conocido en Colombia. Su festival de cine está apenas germinando, pero es fácil reconocer que está echando raíces sanas y profundas, que crecerán fuertes, alzándose hasta el cielo. Su hospitalidad es incomparable, el amor y cuidado con el que tratan a sus invitados y asistentes, es tan grande como el que profesan ante el género fantástico. Ese amor los ha llevado a situarse en el mismo lugar del público porque es claro que ellos también son el público, quieren serlo. Hacen un festival para las almas que comparten sus mismas pasiones. Ese es un valor agregado inmenso.

Carlos Amézquita y Oswaldo Osorio en el conversatorio posterior a la proyección de Vida

Fantamagoría se ha hecho merecedor de mi respeto y admiración. Reconozco en este festival un potencial inmenso y la capacidad de contribuir en la consolidación de un espacio que con enorme esfuerzo se ha abierto para el cine de fantasía, terror y ciencia ficción. Por lo tanto, invito a todos los amantes de estos géneros a que no pierdan de vista el nombre de Fantasmagoría, y a los pequeños productores y realizadores de cine fantástico a que renueven su esfuerzo y luchen por cumplir sus ambiciosos proyectos, con la confianza de que hay un nuevo festival en Colombia que los espera y que comparte con ustedes la pasión por los sueños más atrevidos.

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